PASO 1
Guardamos lo que funciona
Antes de tocar nada: qué páginas traen visitas hoy y qué direcciones hay que conservar o redirigir. Nunca se rehace a ciegas.
La web de un despacho tiene un solo trabajo: que quien entra coja el teléfono. Te enseñamos la nuestra, que pasó de 4,7 MB a 370 KB, y qué cambia cuando se diseña para eso.
La web de la mayoría de despachos de abogados está hecha para tranquilizar al socio, no para convencer al cliente. Se reconoce enseguida: una foto de una balanza o de una biblioteca, un texto sobre la vocación de servicio, un listado de nueve áreas de práctica y un formulario de contacto al final del todo. Es un folleto. Y un folleto no pide cita.
El cliente que llega a la web de un abogado no viene a admirar el despacho: viene con un problema y con prisa. Quiere saber tres cosas en menos de diez segundos —si tratas su asunto, si pareces de fiar y cómo se te llama— y si no las encuentra, vuelve atrás y entra en la siguiente. En jurídico ese «volver atrás» es casi siempre definitivo, porque hay otros tres despachos en la misma pantalla.
Por eso el diseño web para abogados no va de estética. Va de orden: qué se ve primero, qué se puede tocar y cuántos segundos tarda en aparecer. Si buscas la vista completa de cómo se capta en un despacho, está en marketing para abogados; esta página es solo la web.
Predicar es fácil, así que empezamos por casa. Nuestra portada pesaba 4,7 MB y hoy pesa 370 KB: una doceava parte. No es un truco de compresión, es una manera distinta de construir la página.
¿Por qué importa el peso en un despacho? Porque casi todo el tráfico jurídico llega desde el móvil, muchas veces con mala cobertura y en mitad de un problema. Una web de cuatro megas en un móvil con tres rayas de cobertura tarda lo suficiente como para que el cliente cambie de idea. La velocidad no es una métrica técnica: es la primera impresión.
No son muchas. La diferencia entre una web que capta y una que informa está en seis decisiones, y ninguna es de color.
Nueve áreas de práctica en la misma página es la manera más rápida de no rankear por ninguna y de no convencer a nadie. Cada materia, su página, escrita para el cliente de esa materia.
En el móvil, arriba y a la vista, con enlace de llamada. Suena obvio y falla en la mitad de las webs de despacho que auditamos: el número está escrito en una imagen del pie.
Reseñas, casos con permiso, años de ejercicio, número de asuntos. «Profesionalidad y cercanía» lo dicen todos los despachos de España y por eso no dice nada.
Nombre, teléfono y qué le pasa. Cada campo de más baja el número de envíos, y en un despacho el dato que falte se pregunta por teléfono en veinte segundos.
Fotos reales del equipo, no de banco de imágenes. El cliente de un abogado contrata a una persona, y una foto comprada se nota siempre.
Es la pieza que sostiene a las otras cinco. Da igual lo bien escrita que esté una página si el cliente no llega a verla.
Se comprueban en cinco minutos, desde el móvil y sin herramientas. Si reconoces tres o más, el problema no es que no llegue gente: es lo que pasa cuando llega.
Ninguna de estas cinco cosas cuesta dinero de verdad. Cuestan decisiones, y casi siempre chocan con el gusto de alguien del despacho. Esa conversación —qué se quita de la web de un abogado para que empiece a captar— es la parte más incómoda del trabajo y la que más rinde.
Es un error caro separarlos. Muchos abogados encargan primero una web bonita y después llaman a alguien para «hacerle el SEO», y se encuentran con que la web no tiene dónde meter las páginas que hacen falta, o que cada una tarda tres segundos en abrir.
Una web de despacho bien hecha ya viene preparada: estructura de materias, direcciones limpias, textos que se pueden ampliar sin romper el diseño y velocidad suficiente para competir. Lo que va después —ficha de Google, reseñas, contenido por materia— está en SEO para abogados, y se apoya entero en esta base.
Dicho al revés: rehacer la web sin pensar en buscadores es pagar dos veces. Y rehacerla cambiando todas las direcciones sin redirigir las antiguas es peor todavía, porque tira por la borda lo que ya estaba posicionado. Es el fallo más frecuente en los rediseños de webs de abogados, y es irreversible si nadie guardó el mapa antiguo.
1:53«Siete meses después ya hemos superado los 6.000 € al mes en igualas recurrentes, además de todos los extraordinarios.»
Se estrechó a un solo tipo de cliente y necesitaba que ese cliente le encontrara. La web fue la primera pieza. Está entero en el caso de Ecom Advisory.
PASO 1
Antes de tocar nada: qué páginas traen visitas hoy y qué direcciones hay que conservar o redirigir. Nunca se rehace a ciegas.
PASO 2
Qué asuntos quiere el despacho y en qué orden. La estructura de la web sale de ahí, no de un menú estándar.
PASO 3
Textos escritos por nosotros y validados por el despacho, siempre. Y la página construida para pesar poco.
PASO 4
Llamadas y formularios, por materia. Si una página no convierte, se cambia esa página, no la web entera.
¿Hace falta rehacerla entera? Muchas veces no. Si carga rápido y se puede ampliar, se aprovecha y se trabaja encima. Te lo decimos mirándola, no antes.
Que la miremosMás trabajo publicado en artículos sobre marketing para despachos de abogados.
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