Claude para despachos: el curso gratuito de IA hecho para tu asesoría (empieza aquí)

Tomás Sala Correia

Tomás Sala Correia

CEO de Ranking Online.

Especialista en marketing para asesorías y despachos, con foco en captación y fidelización de clientes.


Le pides a la misma IA lo mismo que otro y a ti te responde fatal. No es suerte, ni es que la herramienta “no valga”. Es que le estás hablando como a un buscador: una línea, sin contexto, a ver qué sale.

Yo no llevo un despacho, pero trabajo con casi 50 por dentro, a la vez. Y el patrón se repite: casi todo el que me dice que la IA no le sirve le está pidiendo las cosas mal. La buena noticia es que se arregla en cinco minutos, y hoy te enseño cómo.

Si prefieres verlo, arriba tienes el vídeo completo (unos 6 minutos). Debajo, la versión leída para ir al grano.

Misma IA, misma pregunta, dos respuestas opuestas

Empecemos por el final, para que veas de qué hablamos. En el vídeo aparecen dos respuestas de la misma herramienta a la misma pregunta. A la izquierda, una respuesta genérica que no le sirves a un cliente. A la derecha, un resumen ejecutivo con los riesgos señalados, en el tono de tu despacho, listo para reenviar.

¿La diferencia? No es la IA. Es cómo se lo pediste.

Por qué la IA “no te sirve”: la usas como un buscador

Esta es la idea que casi nadie te cuenta. Claude no es Google. No es un buscador al que le lanzas tres palabras esperando un dato.

Es un asistente muy capaz al que le encargas tareas, pero que acaba de llegar. Un becario brillante en su primer día: hace lo que le pidas, exactamente como se lo pidas. Lo que le pides con detalle, te lo hace con detalle. Lo que le pides de cualquier manera, te lo hace de cualquier manera.

Las dos piezas que lo cambian todo

Entre esas puertas hay dos cosas que casi nadie enseña bien:

  • Los proyectos. Un expediente vivo dentro de la herramienta: guardas quién es un cliente, su situación, sus documentos y cómo quieres que se trabaje su caso. Así no te repites: cada vez que lo abres, el asistente ya sabe de quién hablas.
  • Las skills. La joya de la corona. Una skill es una receta que le enseñas una vez y repite mil, igual de bien, a tu manera. Tu forma de redactar una carta de honorarios. Tu forma de contestar un requerimiento. La empaquetas, y esa tarea se hace casi sola, en tu estilo, a falta de tu revisión.

La anatomía de una instrucción bien hecha (las 4 piezas)

El caso: quieres resumir una guía pública de la Agencia Tributaria sobre una deducción para explicársela a un cliente. Documento público, ojo (los datos reales de cliente tienen su propio vídeo, y no te lo puedes saltar).

La instrucción que escribe todo el mundo es “resume este documento“. Y la respuesta es correcta y perfectamente inútil: un resumen académico, largo, sin foco.

Ahora, la instrucción buena. Cuatro piezas.

Pieza 1. Contexto

Quién eres y para qué lo quieres. Y quién es él. Por ejemplo: “Soy asesor fiscal. Necesito explicarle esta deducción a un cliente. Actúa como un asistente experto en fiscal.” Con eso se pone en el papel correcto desde la primera línea.

Pieza 2. Tarea

Qué le pides, exacto. “Resume el documento en tres bloques: qué es, si le aplica o no y por qué, y qué tendría que hacer antes de fin de año.” Cuanto más claro el encargo, mejor el trabajo.

Pieza 3. Formato

Cómo lo quieres. “Máximo doscientas palabras. Lenguaje de empresario, no de técnico. Al final, una línea con la fecha límite en negrita.” El fondo y la forma se piden por separado.

Pieza 4. Ejemplo

La que casi nadie usa y la que más cambia el resultado. “Te pego debajo una circular nuestra de otro tema: imita ese tono.” Con eso, el resumen deja de ser un resumen: es tu circular, a falta de tu revisión.

Ejemplo ficticio (rotulado): el cliente del vídeo —una empresa de transporte de doce empleados— es inventado para la demo. La guía es pública; el cliente, ficticio. Nunca pegues datos reales de un cliente en un chat: eso lo vemos en el vídeo de la regla de los datos.

Rízalo un poco más: de una guía pública a media cartera avisada

Cuando ya tienes la circular, una línea más: “dame tres avisos cortos para el resto de clientes del sector a los que también les aplica”. De una guía pública a media cartera avisada, con dos instrucciones. Y todo, porque la primera la escribiste bien.

Guárdate la estructura para todo: contexto, tarea, formato, ejemplo.

El error típico: quedarte con la primera respuesta

El fallo de la primera semana es conformarse con lo primero que sale. Esto es ida y vuelta, una conversación. Si algo no te gusta, se lo dices: “más corto”, “menos tecnicismos”, “quita la introducción, ve al grano”. Cada corrección mejora la siguiente. Igual que con un empleado nuevo.

El aviso honesto: la forma es suya, la verdad es tuya

Aunque la respuesta venga perfecta de forma, los datos los compruebas tú. Especialmente cifras, plazos y artículos de ley. La máquina te quita el tecleo, no el criterio. La forma es suya; la verdad es tuya. (De cómo verificar sin volverte loco hay un vídeo entero en la serie: el de investigar sin inventos.)

 

Preguntas frecuentes 

¿Qué es una buena instrucción para la IA?

La que lleva cuatro piezas: contexto (quién eres y para qué), tarea (qué le pides, exacto), formato (cómo lo quieres) y un ejemplo a imitar. Con las cuatro, el resultado da un salto.

¿Tengo que escribir todo eso cada vez?

No. Escribes la estructura una vez y la reutilizas. Más adelante en el curso la conviertes en una plantilla fija (una “skill”) para que se aplique sola, en tu estilo.

¿Me puedo fiar de lo que responde?

De la forma, sí. De los datos, compruébalos tú: cifras, plazos y artículos. La IA redacta el borrador; el criterio y la firma son tuyos.

¿Puedo usar documentos de mis clientes?

 Todavía no. Empieza con documentos públicos —una guía, una norma—. Hay un vídeo entero sobre cómo trabajar con datos reales sin saltarte el RGPD ni el secreto profesional. De momento, cero datos de cliente.

Empieza antes que tus competidores 

Recap en una frase: la IA no es un buscador, es un asistente que necesita contexto; y toda instrucción buena tiene cuatro piezas. Tu tarea de la semana: coge un documento público de tu día a día y hazle las dos versiones —la de una línea y la de cuatro piezas—. Compara. Con eso te queda grabado para siempre.

Esto es parte de Claude para despachos, un curso gratuito de cero a pro. Tienes la serie completa y los recursos —plantillas, instrucciones y ejemplos listos para usar—.

En Ranking Online somos una agencia para asesorías y despachos.

Te enseño esto gratis porque un despacho que produce mejor con la IA y sabe hacerse elegir es imbatible.

Dime una cosa: ¿cuál de las cuatro piezas se te olvida siempre? Te leo.